La tía Mali
—Apenas te estoy conociendo.
Me río a medias, pero no digo nada.
—Estoy observando tu comportamiento.
Me dice muy serio, después hace muecas. Me enseña la lengua y los dientes.
Mi hermana lo reprende y le dice que se calme.
—Molestando se conoce a la gente.
Mi sobrino Emiliano de ocho años usa un tono pedagógico para darme a entender que voy que tener que hacer mi luchita si quiero ganármelo.
Mi viaje a México no sólo significa redescubrir el territorio, también significa conocer por primera vez a parientes que sólo conocía por la voz, fotos y videos, y también es el reencuentro con la familia, una familia que no he visto en años.
Ya conté en la anterior entrega cómo fue llegar al D.F. Después de estar cuatro días en esa ciudad en la que que cabe todo, tomé un autobús para llegar a Morelia, Michoacán, un estado que está en el Pacífico.
No le dije a mis papás y a dos hermanos que venía a México, quería que la sorpresa se instalara en el encuentro. Solo se lo dije a mi hermana Yuri. Para mantener el secreto, Yuri se inventó una historia que incluía a una amiga muy querida, chiapaneca, que no conocía la ciudad. Les pidió de favor a mis papás que la fueran a recoger a la estación.
Me bajé del autobús, esperando ver a mis padres luego, luego, pero no fue así. Me decepcioné. Había creado mentalmente una secuencia de cómo sería verlos.
Esperé un rato. Le escribí a mi hermana pero no contestaba. Me desesperé. Salí de la estación. Eran las siete de la noche, me puse unas gafas oscuras para dar más misterio. Estaba al ras de la calle con una maleta de veinte y tres kilos, un trolley, y una maleta al hombro que me lo estaba dejando rojo. Esperaba, esperaba y nada. Le volví a escribir al Whatsapp de mi hermana para que me diera instrucciones sobre a dónde ir para encontrarme con mis papás. No me supo decir dónde estaban. Fui a buscarlos. A lo lejos reconocí a mi mamá.
—¿Es usted la señora Ernestina?
—Sí.
Sonríe pero después se pone seria. No me reconoce. Sufro.
Me quito las gafas.
Un grito. Lágrimas.
Hubo un gran abrazo que me apretó el corazón. Detrás estaba mi papá y mi sobrino Emiliano. Mi papá se me acercó, me abrazó, me dio un beso y me dijo “Vida”. Sentí que quería llorar, pero se contuvo.
Emiliano, un niño con gafas y con dos dientes faltantes solo miraba. Le repitieron muchas veces “es tu tía Mali”, él fingía que entendía y movía el cuerpo para dar entender un sí.
Cuando llegué a la casa, mi mamá me dijo que tocara la puerta para que me abrieran mis hermanos, Carlos y Toño. Abrió mi hermano Carlos. Se tocó muchas veces la cabeza. Parecía que hubiera visto un acto de magia. Después apareció mi hermano Toño que gritó “Es Mali” y me dio un abrazo. Estuvimos un rato reconociéndonos unos a otros. Ellos, más a mí.
Al poco rato llegó Yuri. —Mi hermana no vive en Morelia, vive en Toluca, pero los fines de semana viaja a Morelia—. Me escondí detrás de la puerta. Me buscó con la mirada. Grité: “Sorpresa!” Se asustó, pero después empezamos a llorar juntas.
Esa noche hablamos mucho. No tanto para ponernos al día, porque hablamos con frecuencia, sino para entender lo que estaba pasando. Una hija, una hermana, una tía que lleva años sin ver a su familia, de repente llega y lo trastoca todo.
Fue inevitable ver el paso de los años de mis papás en sus caras y sus cuerpos. El tiempo se acorta y eso me entristece.
La lejanía hace difícil ver cosas que son evidentes, pero ayuda a entender otras.
Hago mi lucha para que Emiliano me vea como una tía real que no solo existe detrás de una pantalla. Ya dice “hostia, joder”. Es un niño inquieto que me sorprende.
Un día mi hermana le compró un libro sobre videojuegos. Ese día llegó a la mitad de la lectura. A la mañana siguiente lo primero que le dijo a Yuri fue:
—Mamá, ¿me permites leer un poco?
Más tarde me mostró el libro.
—¿Quién es ese güey?
—¡Oye, no le digas así!
Está ofendido.
Me río. Le aprieto los cachetes.
—No juzgues mis gustos.
Sí, mi sobrino es un nerd.
Cuando le preguntan:
—¿A quién te pareces?
—A mi tía Mali.
ja,ja,ja,ja,ja.
Esta entrega estuvo auspiciada por Bruno Borlone, un Dj y productor chileno. Estoy obsesionada con esta canción.
Cualquier cosa, aquí andamos. Me gusta que me leas, pero me gusta más y me hace más feliz que me hagas compañía con tus comentarios.
Gracias por leerme y por la escuchadera. ¡Nos vemos el pronto!
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Te dijo “vida”. Casi lloré. Qué lindo. Disfruta mucho, hija, hermana, tía.
No soy tía, pero me encantaría ser la tía Paola ☺️